José Ignacio: de pueblito de pescadores a lugar de veraneo excepcional
Miércoles 23.08.17
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José Ignacio: de pueblito de pescadores a lugar de veraneo excepcional

Esta península de 2 kilómetros de ancho tiene una amplia Playa Brava que mira el este, y otra protegida y recoleta Playa Mansa que alberga las barcas rojas

Esta península de 2 kilómetros de ancho tiene una amplia Playa Brava que mira el este, y otra protegida y recoleta Playa Mansa que alberga las barcas rojas

José Ignacio era un pueblito de pescadores aislado del pujante desarrollo de Punta del Este hasta que construyeron el puente sobre la laguna, en los 70, y se puso de moda convocando a artistas, empresarios y políticos del más alto nivel.

Sin embargo, no ha perdido la sencillez y el estilo, con calles de ripio, carteles pintorescos que con tablas de colores indican la dirección de casas y comercios, una plaza semi vacía que ocupa una manzana, donde está la sede de la Liga de Fomento y, en la vereda de enfrente, la policía y la iglesia. En el verano de 1989, todavía existía el aguatero, que llevaba a las casas agua potable en un barril tirado por bueyes, y había un solo teléfono en la plaza, ante el cual vecinos, famosos, millonarios, pescadores o comerciantes, hacían fila para poder llamar.

Esta bella península de 2 kilómetros de ancho tiene una amplia Playa Brava que mira el este y otra protegida y recoleta Playa Mansa que alberga las barcas rojas de los pescadores, desde la cual se puede ver, a lo lejos, la península de Punta del Este. Hasta la construcción del puente José Ignacio sólo era visitado por buceadores, aventureros, pescadores que en invierno volvían a su pueblo y por las familias que tenían campos en las cercanías y pasaban el verano allí.

Hija de una de estas familias, Tila Bertalmío, instaló uno de primeros lugares dónde comer, el restaurante "Santa Teresita", e inventó, con una receta que -solía contar- le dieron buceadores japoneses, el omelette de algas, que ahora es el plato tradicional del pueblo. La vuelta de tuerca en el desarrollo de José Ignacio empezó cuando Amalita Fortabat construyó allí su casa y dejó su casona frente al hotel L'Auberge; luego llegó "Casa Blanca", de Mirtha Legrand, en memoria de la famosa película del mismo nombre.

Muchos "ricos y famosos" se instalaron en este pueblo de pocas manzanas o en las chacras que lo rodean, como la princesa Leatitia d' Aremberg, Dominique Sandá -que pasa casi medio año allí-, Nicolás Repetto, Marcelo Tinelli y Susana Giménez, entre otros. También su emblemático faro fue protagonista del cine argentino, porque en 1998 el director Eduardo Mignogna filmó en la zona la película titulado precisamente "El Faro".

La Huella, el parador más top de Punta del Este, creado por Martín Pittaluga, produjo otro cambio importante al poner de moda la Playa Brava, tras lo cual el camino que baja hasta esa playa se llenó de locales, inmobiliarias, boutiques y hasta un coqueto restaurante vegetariano, además de una "Panadería de la mama" nacida en el pueblo de Garzón.

Pero todavía el centro del pueblo está en las pocas cuadras que van de la entrada hasta la plaza, por la calle Eugenio Saiz Martínez, bajando al mar por la calle Las Garzas, frente a la Liga de Fomento, con boutiques, bares, heladerías y algunos restaurantes. Los locales de Renner, una peculiar galería al aire libre con cómodas hamacas donde hacer una pausa, toman su nombre de un barco que encalló a mediados del siglo pasado, con el cual en principio bautizaron al almacén que estuvo en ese lugar durante 50 años.

Muy cerca y en el mismo estilo abierto que invita a deambular, se encuentra la Galería de Arte Los Caracoles que, si bien mantiene una colección permanente, durante el verano realiza varias muestras, sobre todo de artistas uruguayos. Otras actividades culturales le dan vida todo el verano, como los conciertos organizados por Asociación de Amigos de Música en el Faro, casi todos los jueves de febrero en el parador La Huella o en el Club del Mar.

Desde el 2011, a principios de enero, el José Ignacio Internacional Film Festival, dirigido Fiona Pittalluga, instala pantallas gigantes en las playas, donde la gente lleva su propia reposera y su manta para protegerse del rocío. También convoca a visitar el pueblo la Feria Gastronómica, que se realizará este jueves, donde con el pago de una entrada se puede degustar platos de casi todos los restaurantes, como Marismo, Pope (antes Popeye), Santa Teresita, la Huella, Almacén el Palmar y La Susana.

Un hito en el mundo cultural de José Ignacio es la Galería Las Misiones, que este verano expone obras en madera de alumnos de Torres García, fundador del constructivismo en Uruguay. El responsable de esta institución, Matthias Ammann, dijo a Télam que la galería está abierta desde 2007, solo en verano, y que tienen exposición permanente de obras de otros artistas, como Páez Vilaró, Atchugarry, Javier Bassi o el argentino Antonio Seguí. El último gran cambio de José Ignacio fue la instalación de La Susana, el parador que pertenece al complejo hotelero de Alexander Vik, que está formado por Estancia Vik, a varios kilómetros del mar, Playa Vik, en el centro del pueblo y Bahía Vik, justo al lado del parador.

Así, a pasos de gigante el pueblito de pescadores se transformó en un lugar de veraneo excepcional, elegido por turistas extracontinentales, y que se muestra al mundo empecinado en mantener su identidad y su estilo ecológico y natural.

Martes 14 de Febrero de 2017
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